THEREDOOM

Retrato de Roma.

La mirada de Sasha Asensio

No es fácil comprimirlo; una crítica, un comentario deviene evanescente cuando miras la obra de Sasha.

El contrapunto que desequilibra
Existe un contrapunto que te desequilibra; cualquiera que fuese el pensamiento, la idea que tenías se disuelve en su espacio, el suyo. Ese espacio que ocupa su pasado, aquel momento de movimientos instintivos alrededor del ser, del ser humano que habita frente a él en otra historia que, a la postre, converge con la suya en un papel.

Huecos inaccesibles y luz interior
Dentro de ese papel existen huecos del todo inaccesibles que te impiden pensar, por esa incertidumbre de no ver, siquiera imaginar, la luz; no la envolvente que sin duda seduce, sino la interior. La que subyace detrás de esa mirada o ese gesto, en ocasiones triste, pérfido en otras, pícaro, sagaz, astuto —pero cualquiera de ellos envuelto en la ternura.

Maestría y emoción
La maestría más que probada —virtuosismo, diría— de Sasha Asensio, con una cámara entre sus manos, queda en anécdota, maravillosa anécdota, si la comparas con ese sentimiento estremecido que te penetra hondo, pero hondo, más acá de tu piel y más allá de la serena, aun descarnada, presencia de ese humano ser al que te enfrenta, más bien te abraza.

No es solo una excelencia de arte; existe en Sasha y sus retratos algo más allá que lo disuelve a él, al personaje y al que contempla —especta es más exacto— en una sola mezcla inabarcable por carencia de límite, de fin preestablecido.

Mil nombres, un universo
Sasha Asensio es un nombre que por ocupación sobrevenida se convierte en mil nombres cuando toma su cámara, y con esos mil nombres construye un universo que demuestra la proyección infinita de lo humano. Por una simple grieta en la tosca pared de un fondo fotográfico, por una sombra, el pliegue de una ropa, un anillo, un pendiente, una perfecta imperfección de piel, por un deseo que más parece un sueño en sus actores —que no actúan sino son—, por un click, lo efímero se discute a sí mismo y se convierte en tiempo.


¿Que cómo se hace?

No lo sé. Sasha es capaz de hacerlo.

Boyer Tresaco

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