El Raval no se aprende, se sobrevive.
El Raval no se aprende, se sobrevive. Con el cuerpo en alerta y el alma pelada hasta el hueso. No es barrio, es sentencia. El Raval no lleva maquillaje, lleva cicatrices.
El Raval no se aprende, se sobrevive. Con el cuerpo en alerta y el alma pelada hasta el hueso. No es barrio, es sentencia. El Raval no lleva maquillaje, lleva cicatrices.
Texto crítico de Boyer Tresaco sobre la obra de Sasha Asensio: la mirada que disuelve al fotógrafo, al retratado y al espectador en una sola mezcla sin límite.
En el chabolo quemábamos suelas de alpargatas para hacer tinta con el hollín. Nos tatuábamos para no olvidarnos de quiénes éramos cuando todo dolía.
Llevan el alma en la mirada, el mundo entero en la piel. Hijos del polvo y la ceniza, sin tregua, sin dueño, sin ley. No hay jaula que encierre al viento.
Con tacones y rabia. Reinas sin corona, maricas de esquina, chicas con navaja y nombre prestado. Hay glitter en la herida, hay ayuno y haram, y ritmo en la revancha.
La noche no se va, se queda pegada a la piel. El Raval no te abraza, te prueba. Hay belleza en la ruina que no pide perdón.