Altar callejero en Nápoles con icono religioso enmarcado en neón azul, flores y fotografías de difuntos sobre una repisa en una fachada deteriorada

Nápoles no es una ciudad.

No vine a entenderla. Vine a dejar que me arañara. Nápoles no es una ciudad, es un cuerpo. Late, respira, grita. Tiene cicatrices y dientes de oro.